
Hoy no me siento inspirada, más bien expirada... parte de mi cree que lo que estoy escribiendo se trata de algo terrible y triste, tema digno de tragedia griega.. la otra parte simplemente se limita a esperar. No escribo hace mucho y la causa aunque desconocida me resulta familiar, creo que mucho tiene que ver con la adicción a momentos que marcaron con tinta indeleble mis 15 años. Era feliz echada en mi cama viendo la tele con provisiones de comida para medio país y una dote interminable de tiempo. Soy adicta a esos momentos. Por lo general, cuando alguien me pregunta qué he hecho en vacaciones digo: no mucho. Mentira. Hace 5 años podía decirlo, pero ahora no.. menos cuando cada 15 minutos me acuerdo de algo pendiente y se me van las ganas de retornar a mi adicción quinceañera. No me quejo, voy creciendo (repetirestoveintevecesaldiaparacreerloenserio).
Pero entonces escribo para liberar tensiones y esas huachafadas que dicen algunos autores contemporaneos. Me siento frente al teclado y empiezo con una palabra. En eso, llegas tú y me dices que tienda mi cama. Llegas tú y me dices que ordene mi cuarto, que lleve los crucigramas al depósito del concurso. Llegas tú y me dices que veamos una película juntos. Llegas tú y me reclamas por usar tu casaca. Llegas tú y hablas por el condenado nextel en altavoz, justo a mi costado. Llegas tú y me pides que conteste. Llegas tú y me pides que te vea. Llegas tú y es hora de dormir. Tú puedes ser mi madre, mi padre, mi hermana, mi novio, mi amiga, mi libro, mi novela, mi tío, mi perro (si tuviera uno), mi sueño. Llegas y me separas de mi tiempo libre, no porque tu quieras, sino porque dentro mío se que hay cosas más importantes que vomitar palabras que servirán para que alguien ría un rato o para aumentar la memoria de mi computadora.
Feliz. Sí, soy feliz pero sigo sin concluir el momento de escribir. Entonces viene la duda ¿realmente me gusta escribir?, no, no dudes. Te encanta. Te fascina. Es sólo que tienes que tomarlo como esas tardes quinceañeras en donde te atiborrabas de comida viendo televisión. Relájate y deja que las palabras lleguen hacia ti como los programas cuando haces zapping. Llegan algunas que me ayudan a pensar, llegan otras que ni al caso. Entonces, empiezo a escribir sobre algo, vamos bien, me distraigo de nuevo y es como cuando te aburres del programa y de nuevo al zapping. Mi mente no puede estar en constante zapping porque en algún momento, el control remoto que resulta ser mi imaginación se quedará sin baterías. Al menos hasta el día siguiente. Relajate y ...
No me voy a relajar porque descubro que hay veces en las que me resulta más agradable escribir: son precisamente aquellas veces en donde tengo la mente en veinte, cuarenta, ochenta mil cosas. El modo pausa ha pasado a ser aquel estado en donde la relajación hace que mi cuerpo entienda que es hora de dormir... me relajo y no produzco nada. Nada. Entonces dejo la relajación para cuando me voy a dormir y entiendo que el atiborrarse de comida no sirve en este mundo en donde el peso resulta ser molesta e inversamente proporcional a la cantidad de ropa que te queda bien.
Respiro y adiós.
No hay comentarios:
Publicar un comentario