lunes, 10 de septiembre de 2012

La obra sin nombre

Obra para trabajar con mis alumnos "construcción de personaje", es uná adaptación de algunos monólogos ya existentes y otros inventados por mí. La historia que los une es enteramente escrita por mí. Pónganle un nombre, por favor.

PERSONAJES:

SEBASTIÁN,  un mimo.

RODRIGO,  un señor muy anciano.

MATEO, un trabajador de la empresa de tranvías.

SOFÍA, una señora joven.

SANDRA, una chica confundida.

FRANCO,  un señor muy serio.

ALFONSO, un chico con una maleta.

DANIEL, un señor nervioso.

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La luz del escenario se prende y se ven secuencias de gente esperando. Sonidos de trenes pasando. Podemos observar a un mimo, un señor muy anciano esperando, un trabajador de la empresa de tranvías, una señora joven, una chica que camina por todos lados confundida, un señor muy serio, un chico con una maleta, un señor nervioso.

APAGÓN

Se escucha la voz de una señorita por el altoparlante diciendo: “Señores pasajeros, los siguientes trenes de la noche han sido detenidos por tiempo indefinido. Rogamos que mantengan el orden en la sala de espera y en cualquier momento se reanudará el itinerario habitual…”  La voz se va perdiendo.

MARCO: Les voy a contar algo. Tal vez ya lo sepan, salió en los periódicos. Cuando estuve en Lima se me perdió un reloj. Era un regalo de mi madre y me sentí muy mal. Un montón de gente trató de ayudarme. Me hacían preguntas: “¿cuándo fue la última vez que lo llevabas puesto?”  Y yo no tenía ni idea. Así que dije, porque creí que podía ser cierto, que lo tenía al subir al tren del que acabábamos de bajar y que estaba a punto de partir de vuelta con nuevos pasajeros.

MATEO: Señores pasajeros, por favor tomen asiento, en cualquier momento el tren partirá, pero yo no puedo decirles con exactitud cuándo. (A Sandra) Señorita, por acá por favor.

DANIEL: (saca una foto de su bolsillo) ¿ves, Lorena? Por algo pasan las cosas, quizá aún no es momento de salir con otra mujer. Buscarla. Intentar enamorarla, decirle frases ridículas. Empezar el juego de nuevo. Llamarla por teléfono. Sacarla a pasear, a bailar, para al final comprender que no podría ser como tú, que no eres tú, ¿comprendes por qué sería absurdo? Te amaría a ti en ella y al final, ella se daría cuenta y yo me moriría de desesperación por haberme estado engañando. Cuando vivías me pregunté más de una vez si te amaba, si no era un poco aburrido lo de aquello de estar siempre juntos, decirnos siempre las mismas cosas. La vida diaria resta muchas impresiones. Yo ya no estoy para detener el tiempo, no otra vez. Tenías tú razón cuando hablabas de renovarnos. A mí entonces, me parecía una excentricidad, y mira lo que ahora estoy… sí, sí, ya sé, no estoy seguro, ya quedé con la señorita, pero por algo aún el tren no ha partido, ¿no? El hombre no es un animal de costumbres por mucho que lo digan, y empezar otra relación continua resultaría monótono y fastidioso, pero al final esto es lo más bello quizás que quede en mi vida: verse a diario, comer juntos, conocerse tan bien, tener hijos… No lo sé, te extraño.

Tránsito de personajes, los pasajeros siguen esperando. Sandra se detiene junto al mimo, lo ve, se ríe y le da una moneda. El mimo sigue haciéndola reír, ve la hora y se dirige al teléfono público. No se escucha lo que dice hasta el final.

SEBASTIAN: ¡No, Rosario!, ¡No me cuelgues!, ¡Espera a que llegue! ¡Rosario! ¡ROSARIO! (al público) Hay momentos en los que realmente uno no tiene tiempo de hacer bromas, no es que uno no quiera, pero no tiene tiempo. Para ser gracioso realmente no hay que tener nada más que hacer. Así sí es fácil, permítanme que me ría, ¡es fácil! Cuando uno está solo, SOLO, es fácil ser gracioso, pero cuando tienes que ocuparte de alguien, una mujer, que contradice todo lo que dices, que no entiende que trabajas 16 horas al día, que te conoce de memoria, que no se ríe cuando le cuentas el último chiste, ¡ES DIFÍCIL, ES MUY DIFÍCIL! Es fácil tener humor con gente que no conoces. Odio los que hacen reír a mi mujer. Bueno, yo tampoco noto sus bromas. Quizá debería aprovechar que el tren no partirá para ir a verla un rato. Quizá no.

Pasa Sandra, desubicada, con un mapa preguntándoles a todos por direcciones. El mimo sigue su trabajo. Todos se impacientan, Mateo intenta calmarlos.

MATEO: Señores, por favor. Señores, yo sólo sigo instrucciones, ¡SEÑORES! (al público) La primera vez que conseguí un trabajo fue tan sorprendente. Fue en una estación de bus. Estaba tan feliz sólo sellando papeles que ni hablaba con los otros. Fueron dos largos años en los que me pregunté por qué había tomado ese camino. Recién había terminado la universidad, había estudiado administración. Bah, eso. Yo quería manejar trenes. Supuse que con los buses empezaría. Recuerdo que nunca me dejaron manejar uno. Creía que estaba siendo guiado por mi destino hasta llegar a algo grande. Recuerdo que reía y suponía que era más fácil que uno mismo no sea el responsable de las decisiones que uno toma. Al menos ahora ya no sello. Este trabajo me lo consiguió un primo lejano. Tenía miedo de no volver a ver un solo tren de cerca. Como administrador, claro. Me parecía que vendría algo mejor, por eso era tan intenso eso de dejarse llevar. Ahora no sé. (a todos) ¡SEÑORES, CALMA!

El chico con la mochila se acerca al anciano que no reclama y se está quedando dormido. Lo intenta despertar, pero no sabe cómo. Se queda a su lado y lanza una moneda, como si lo que va a hacer dependiese de eso. El anciano se despierta.

RODRIGO: Ustedes los jóvenes mucho se complican, deberían relajarse. A ver, déjame adivinar, ¿una chica? ¿te gusta? ¿se lo has dicho? Primero deberían saber si se gustarán a sí mismos. Mira, si uno suprime todas las horas inútiles, todas las horas que uno pasa lavándose, comiendo, tomando, haciendo mandados, preparando la comida, poniendo la mesa, mirando la tele, trabajando, yendo a trabajar, volviendo, andando por la calle, entre dos carreteras, dos trenes, dos apartamentos, durmiendo, ¿qué nos queda? Entonces me lavo cada vez menos, no pongo la mesa nunca más, como directo de la lata que encuentro por el camino, al volver a casa. No preveo nada más, no trabajo más, no tengo más tele, me siento a esperar y cuanto más adelgazo, más dejo de mantener este cuerpo que me pesa cada vez más. En algún lado me reencuentro. Y espero.

De nuevo todos se calman y vuelven a lo suyo. Sandra mantiene un ritmo más acelerado a comparación del resto.

SANDRA: Me propuso que nos fuéramos juntos. Marcharnos para siempre de ese pueblo de casitas bajas y miradas estrechas. Decía que estábamos destinados para otra cosa. Tengo veinte años. ¡Queríamos ser poetas! Había que dar el gran salto, esperaba tanto por ese momento. Fue a media noche, llovía, él me esperaba allí. Habíamos decidido dejarlo todo. Partiríamos sin nada. El viaje del amor, al fin, sería posible. Juntos nos enfrentaríamos al mundo. ¿Dónde estoy?

Se escucha la voz del altoparlante: “Señores pasajeros de nuevo les pedimos disculpas por la demora y sentimos que…” (la voz se va perdiendo)

FRANCO: (al teléfono) Sí mamá, es sólo una pequeña falla supongo. No, no hay… ya no hay terroristas. Sí, la luz está bien. No, yo estoy tranquilo. Muy tranquilo. Ya, yo te aviso. Sí, tranquilo, ¡TRANQUILO! (cuelga) Tranquilo. Sólo vaciar la cabeza, como cuando se va al cine, canchita gigante y chocolates. Sólo vaciar la cabeza de una buena vez por todas, dejarse llevar hasta el final. Dejar correr toda esta inseguridad, vaciarla, sin separar, sobre todo sin separar la paja del buen grano. Abandonarse al olvido, obligarse al olvido, al olvido total, poner la cabeza en las nubes, olvidar que me llamo fulano, nací en…, el…, las personas que queremos, mamá. Por dios, debería ser fácil. Llevo más de 5 años haciéndoles terapia a otros, debería serlo. ¡¿A QUÉ HORA PIENSA PARTIR ESTE TREN?!

Alfonso al otro lado de la sala.

ALFONSO: (lanzando la moneda) Cara voy, sello me quedo. ¡CARA! Ya, dos de tres. (lanza la moneda y rueda lejos, al público) Al principio cuando me llamó, quise negarme. Pero después sentí que era una salida. Entendí. Está mal, necesita mi ayuda. Soy su amigo, pensé. No… miento. Me pregunté: ¿soy su amigo…, lo soy? Sí. Me contesté que sí. Tengo que hacerlo, decía todo el tiempo mientras tomaba su lugar. Es lícito que me lo haya pedido a mí. Le llevo algo (saca un peluche enorme de la mochila), es pequeñito, para animarla. Espero que eso la anime. Soy su amigo, ¿no? Su amigo.

En algún momento Marco ha llegado junto a Sofía. Está asustado, mira el libro de Sofía, invade su espacio sin querer.

SOFÍA: ¿Usted también me quiere poner nerviosa?  ¿Como él? ¿Él lo mandó acaso? Sí, él me pone nerviosa. Posa sus ojos sobre mí, como quemaduras de cigarro. Lee dentro de ellos, dentro de mi cabeza. Me atraviesa, lee adentro, allá adentro, en mi cabeza. Perfora. Entonces, después, no tiene que asombrarse si me duele la cabeza, acá, entre los huesos de la cara. Soy la campeona de la sinusitis, la conjuntivitis, las legañas en el ángulo del ojo como los gatitos cuando nacen. Y sí, tengo la barriga toda podrida, me hincho, me carcomo las uñas y… los sesos. Lloro por nada, me olvido de todo en mi cabeza hueca como dice él. Pero te digo algo, la cabeza hueca está llena de listas de mandados por hacer, llena de planchados, llena de toallas, llena de colonias, de esponjas y de desodorantes para el baño, con un zumbido de aspiradora que la marea. Tendríamos que compartir las tareas, ¡yo la bañera, él la alfombra! ¡Yo me voy y él se queda! Yo creía, cuando era chica, que mirando el sol durante horas mis ojos se volverían azules.

MARCO: ¡PERDÓN! No sé dónde dejé el reloj, no fue en ningún tren.

Todos lo miran, se miran y se sientan. Están demasiado ocupados con sus problemas internos como para notar alguna otra presencia.

MARCO: (al público) Habían paralizado todo por mi culpa. Salió en los periódicos: Tonto del tren pierde valioso recuerdo familiar. El gerente me pidió que me disculpara en público, penoso. Y todo esto porque yo no pude ser lo suficientemente honesto como para decir que no me acordaba. Pude haberles evitado todo ese problema, ¿comprenden?.

Se van parando uno por uno y se ponen en línea frente al público.

DANIEL: Siempre es bueno que algo cambie…

SEBASTIAN: Puedo hacerte reír como la primera vez…

MATEO: Podría decidir ahora…

RODRIGO: Sólo conocerse…

SANDRA: Volver a casa…

FRANCO: Todo estará bien…

ALFONSO: Soy su amigo…

SOFÍA: Lejos de él, mejor…

MARCO: Perdón…

TODOS: Detener el tiempo, para mí. Pensar, en mí.

 

FIN

1 comentario:

CarLoS_v dijo...

Están muertos no?, o deberían en todo caso.