lunes, 5 de octubre de 2009

Los muertos que vos matasteis gozan ahora de buena salud

La primera imagen que se viene a la mente cuando escucho la palabra “Perú”, es una horda de gente gritando dicha palabra y agitando la bandera blanca y roja.
Cada vez que vemos ese tipo de acontecimientos nos contagia hasta los huesos y nos hace gritar de la emoción, nos eriza la piel y nos lleva a un lugar con identidad.
Ésta vez sólo son unas cuantas personas las que han logrado eso en mí.
Sin Título nos lleva por distintas etapas de identidad nacional en la cual nos vemos identificados, como lo es la guerra, la época del terrorismo, nuestras raíces, nuestras creencias y nuestros obstáculos. ¿Pero cómo lograr transmitir todo eso sin que resulte una mezcla desordenada e ilegible? Eso es lo que lograron transmitir con la muestra, lograron unir diferentes momentos haciéndolos uno solo, logrando que resulte legible ante nuestras mentes, nuestras conciencias y me atrevería a decir que ante nuestros corazones también.
Todo te transmite desde que llegas a la sala, un museo espera ser aprovechado por escolares que en medio del público que entra confundido van jugando a la no presencia. El espectáculo se empieza a desarrollar y podemos admirar el uso extraordinario de elementos cotidianos como lo son las ropas, maletas, varas, etc. Los actores van cambiando de identidad cada tanto y lo hacen tan impecablemente que resulta imperceptible dicho cambio. El uso de colores,
formas, niveles pero sobre todo de olores y sonidos nos llevan a diferentes épocas ya vividas sin la necesidad de salir del espacio. La mezcla de imágenes tan fuertes y precisas nos ayudan a recrear el ambiente sin necesidad de un escenario fijo pues los actores se mueven encima de unas estructuras que hacen que el público pueda disfrutar de cada segundo captando cada detalle. De repente cae una bandera del techo y nos arma otro escenario que ya no solo consta del espacio de las paredes sino que podemos rescatar imágenes desde el techo y el piso del recinto también.
Los niveles son importantísimos para darle vida al espectáculo, nos hace sentir envueltos en todas estas historias, nos hace recalcar lo más importante. Los aromas tan nuestros, tan de nuestra tierra. El uso de las máscaras y el vestuario nos hacen encontrarnos con miles de personajes conocidos y a la vez tan extraños para nosotros. De repente leemos, las letras no podían faltar y ahí están por todos lados para recordarnos y hacernos saber lo que ha pasado. Nos cargamos de sensaciones y de repente fuentes audiovisuales nos da el fondo que faltaba, todo es importante en esta puesta en escena, nada sobra, nada está puesto gratuitamente. Los
actores danzan, cantan, tocan instrumentos, manejan su cuerpo, viven y nos hacen vivir cada momento, dicen todo con su mirada, callan ante el valor de nuestra historia y gritan ante la injusticia. Los actores ríen, lloran, se molestan y salen airosos de todo trance, dejándonos con ganas de querer más. Los actores dijeron todo, los personajes mostraron todo. Los actores transmiten, el público hace catarsis y en medio de todo se reparten unos papeles con una frase que nos da esperanza de justicia ante tanta indiferencia:

“Los muertos que vos matasteis gozan ahora de buena salud”.


Sin Título. Técnica Mixta. Yuyachkani. Lima. Perú.